Historia Por: Pablo Thomasset19 de octubre de 2026

«La Isla Martín García fue un campo de concentración indígena»

Entrevista a Alexis Papazian, docente e investigador del CONICET
«La Isla Martín García fue un campo de concentración indígena»

Por Eugenia Tavano | 18/10/2026 | Argentina, Racismo y opresión capitalista. Fuentes: Página/12 - Imagen: Alexis Papazian, historiador y Doctor en Antropología (UBA) investiga desde 2007 el genocidio indígena en la Argentina.

El especialista aborda un tema invisibilizado por la historia oficial en el inicio del Estado Nación del siglo XIX. Cómo es hoy el ataque a los pueblos originarios. 

Esta entrevista fue realizada en relación con el 12 de octubre, Día del Respeto a la Diversidad Cultural. Y en lo que fue el genocidio indígena hay un sitio que se erige entre la indiferencia y la invisibilización de la historia oficial.

La isla Martín García es recordada especialmente por el encarcelamiento de presidentes: Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón, Marcelo T. de Alvear y Arturo Frondizi.

Los miles de aborígenes que a fines del siglo XIX fueron llevados allí por la fuerza y privados ilegítimamente de su libertadapenas son mencionados en los textos de historia.

Las comunidades originarias vienen reclamando distintas acciones de reparación, entre las que cabe mencionar la demanda penal presentada el año pasado por la Comunidad Indígena Mapuche-Rankel Rupu Antv ante la Justicia Federal de La Plata. En 2023, Martín García fue señalizada como Sitio de Memoria.

Las ciencias sociales también hicieron un gran aporte. Un ejemplo es el trabajo de Mariano Nagy y Alexis Papazian, quienes analizaron el Archivo General de la Armada para escribir El campo de concentración de Martín García.

Entre el control estatal dentro de la isla y las prácticas de distribución de indígenas (1871-1886), uno de varios estudios que desarrollaron, a lo largo de casi dos décadas, sobre el tema. “Nos interesaba investigar qué pasaba con los cuerpos, con las personas, ir más allá de las formas en que la oligarquía se hizo de los territorios de Pampa y Patagonia”, explica Papazian, profesor de Historia, Doctor en Antropología e investigador del CONICET, en charla con Tiempo.

-¿Qué definió, a fines del XIX, a Martín García como un campo de concentración?

-La falta de prontuarios. Es decir, de un motivo o delito por el cual las personas eran enviadas a la isla. Se las llevaba por ser indígenas: mujeres, hombres, niños, niñas, ancianos.

En muchos casos se los menciona con nombres y en otros, se usa la palabra “remesa”. Era población de Norpatagonia o la frontera bonaerense: ranqueles, mapuches, mapuches tehuelches, y a partir de la década del ’80, indios tobas, indios del Gran Chaco.

 Al no haber una condena a cumplir, no había un tiempo determinado para estar. Hay cartas, como la que escribe un indígena a su mujer, diciéndole “ya pronto me van a sacar de acá”, u otras de curas misioneros que piden la salida de alguien.

Se ordena cambiarles el nombre e imponerles una religión, se decide bautizarlos, darles uniformes para el servicio militar. Hay una normativa, pero no hay plazos.

Es lo que hoy llamamos un estado de excepción. Las normas no son las mismas dentro de la isla que para el resto, incluso para los que están privados de su libertad por delitos.

-¿Cuál era el fin ulterior?

-Una especie de proceso civilizatorio, en el sentido crítico del concepto: convertir a personas con una cosmovisión y lenguaje determinados.

Sus nombres son cambiados (pensemos también en la última dictadura cívico militar argentina), se entra a la isla y se sale a pedido: se entregan mujeres y niños a familias de Buenos Aires, los hombres indígenas son enviados después al propio ejército, a la marina, o como peones de estancia, como los que fueron al ingenio azucarero de Rudecindo Roca, el hermano de Julio Argentino, en Santa Ana, Misiones.

 Estos hombres se sublevaron y se escaparon, y es interesante ver que también hubo resistencia, no solo pasividad de las víctimas, si no que tenían capacidad de acción, de buscar estrategias para vivir.

También se usó mano de obra indígena para sacar arena y piedra. Parte de la Capital, por ejemplo San Telmo, fue adoquinado con piedra de Martín García.

-Mujeres e infancias tenían destino de servidumbre.

-Sí, y son un número importante. Y muchos no pasaron por la isla, si no que se los mandaba vía Sociedad de Beneficencia. Liborio Justo, hijo anarquista de Agustín P. Justo, contaba en sus memorias que su abuelo materno, Liborio Bernal, militar que había participado en la «Conquista del Desierto», en su casa de San Miguel tenía “una indiecita”.

 Liborio se acordaba de ella y no sabía por qué. Era una práctica muy común la de tener “una indiecita” o “un indicieto” trabajando. Si bien “trabajar” es un término demasiado grande, porque no había un salario ni nada parecido; solo techo, comida y poco más, y estaba el compromiso de cristianizarlos.

-¿Cuánto tiempo la isla fue campo de concentración?

-En 1872, previo a la avanzada estatal, ya se registra el envío de prisioneros (si bien no hay que entender el término en el sentido usual). Muchas veces se piensa el tema a partir de 1878, 1879, con Roca, pero entre 1874 y 1876, con Alsina, hay un avance, aunque no sistemático, como se da entre 1876-1877.

Los campos de concentración no surgieron de un día para el otro, se enviaba población de a poco y el circuito se terminó de aceitar con la llegada de los prisioneros a la isla.

En 1886, aproximadamente, comienzan a disminuir los envíos. Algunos cuarteles, como el de Retiro, también fueron lugares de reclusión.

-¿Y a qué se debió el cese de su funcionamiento?

– Para ese momento el avance fuerte sobre Pampa y Patagonia ya había finalizado. Y la política en el Gran Chaco, si bien hubo desplazamientos de poblaciones y de familias indígenas que llegaban también a la isla Martín García y a otros lugares, mayoritariamente siguen una idea de generar reducciones ¿Por qué?

Porque también había allí una necesidad de mano de obra que fue previa a la avanzada estatal en el Gran Chaco, con los ingenios azucareros en Salta y Jujuy.

Era una dinámica en la que muchas veces se enviaba a contratistas armados y demás para llevar población indígena para trabajar por un período estacional a los ingenios, y luego estos volvían a sus lugares.

Esta situación es parte de las dinámicas y las formas de expansión que son distintas en el Gran Chaco respecto de Pampa y Patagonia. 

–En su trabajo ustedes mencionan esta idea, fuertemente instalada, de que los pueblos originarios “desaparecieron” con la ‘Conquista del desierto’.

Un intento de borrarlos, similar a lo que ocurre con los afrodescendientes.

-Si uno ve los partes militares, lo que trae, sobre todo, el avance estatal son presos. El avance militar estatal sobre Pampa, Patagonia y el Gran Chaco dejó presos.

¿Hubo muertos? Sí, hubo muertos. Pero en su gran mayoría, presos. De la avanzada de Roca en 1879 se calculan más de diez mil personas presas. Niñas, niños, etcétera.

Y en 1883, que siguió habiendo campañas —porque no hubo una sola sino varias y en períodos anteriores, con Alsina—, también hubo prisioneros.

En la zona que tengo más trabajada, en lo que llamamos hoy el triángulo del Neuquén, donde hubo un avance a principios de la década del ’80, hubo más de tres mil setecientos indígenas presos.

Es una cantidad, para los números de la población argentina de entonces, muy grande. Pero también, quiero destacar, siempre existieron, durante buena parte del siglo veinte hasta la actualidad, organizaciones indígenas.

Ya sean comunidades, que son el tipo de organización básica, territorial, como organizaciones supracomunitarias: la Confederación Mapuche Neuquina, el CODECI (Consejo de Desarrollo de Comunidades Indígenas), la Confederación Pilagá y tantas más. 

-¿En qué consistió la invisibilización de los pueblos originarios y cómo opera en la actualidad?

-La práctica de invisibilización entra dentro de lo que denominamos prácticas negacionistas: niegan la existencia de un evento histórico o de un pueblo determinado.

En la Argentina, la invisibilización operó construyendo un Estado Nación blanco y homogéneo, falso, que niega cualquier tipo de diversidad, no solamente de pueblos indígenas, sino también de afrodescendientes.

Esto fue contestado por la acción de organizaciones, comunidades y pueblos indígenas.

Un hito es la Constitución Nacional de 1994, que incluye la preexistencia de estos pueblos al Estado Nación argentino.

Otro fue la Ley de Tierras. También están los censos donde aparecen estas poblaciones, o logros como la educación intercultural bilingüe.

Una forma de visibilización es por la negativa, por las propias prácticas y discursos que tiene el Estado actual, como reinstalar el Día de la Raza, negar la Ley de Tierras o los derechos de estos pueblos.

Ya no dicen que no existen, sino que carecen de derechos especiales y que son como todos los demás.

Eso es falso, por su preexistencia y porque el Estado generó condiciones de desigualdad estructural que nunca pudo o quiso reparar o que, cuando intentó reparar, fueron parciales.

«Depósito» o «disponibles»
En la isla se aplicaron políticas ‘higienistas’ como vacunar a los indígenas contra la viruela o cortarles el pelo, ambas acciones a las que se resistieron férreamente. También estaba contemplado que hicieran ejercicio.

 “Había una utilización de lo que hoy llamamos recursos humanos. A los que estaban enfermos o tenían alguna imposibilidad o discapacidad, eran ciegos, rengos, etcétera, se les decía ‘indígenas de depósito’.

Algunos van al lazareto de Martín García o al hospital de campaña, y entonces quienes mejoran su situación pasan a ser ‘indígenas disponibles’.

¿Disponibles para qué? Para la panadería, las canteras, el ejército, para distintas funciones dentro y fuera de la isla, y muchos salen como grumetes.

 Hay quejas de los oficiales a cargo que dicen que ‘no saben disparar, tienen miedo, disparan mal’.

 Están en ese proceso de ‘civilizar’ a los indígenas para que sean ‘útiles a la Nación’, pero claramente, por medio de una imposición previa, como sacarlos de sus lugares, trasladarlos, separar familias, todo lo que actualmente llamaríamos crímenes de lesa humanidad y que son parte de las dinámicas genocidas.

No se entiende el campo de concentración sin entender la totalidad del genocidio».

Papazian menciona especialmente a los curas vicentinos, es decir, pertenecientes a la orden de San Vicente de Pauls, quienes además de evangelizar en Martín García «tenían una mirada de denuncia constante» de los abusos que se cometían contra los prisioneros y que, muchas veces, pedían la liberación de personas mayores.

En un libro de memorias de la orden editado en los últimos años, cuenta el investigador, se hace mención del genocidio indígena. 

Fuente: https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/alexis-papazian-docente-e-investigador-del-conicet-la-isla-martin-garcia-fue-un-campo-de-concentracion-indigena/