EL VIEJO MAESTRO CONSTRUCTOR por Veo Veo

Cultura08 de octubre de 2026 Veo Veo

Jueves 8 de octubre de 2026*, Hoy Canelones, La Página Literaria por Gerardo Molina.

Segundo Premio Narrativa - VI Concurso Literario Internacional 'Julio Britos Bide'

*El viejo maestro constructor*
Por Alejandro Fernández - Seudónimo: Veo Veo

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Con el termo bajo el brazo como quien lleva un amuleto contra el olvido, el Viejo comenzó su recorrido muy de madrugada.

El sol apenas pintaba el horizonte de la campaña cuando el Maestro ya buscaba miradas, voluntades, asistentes para la sagrada rueda del mate.

Siempre nos decía, con ese aplomo que da haber gastado las suelas en los adoquines de la historia: -A nosotros, m'hijo, nunca nos atacó la pereza.

Ni cuando planificábamos sentados en un banco de la plaza principal, imaginando utopías de piedra, ni cuando nos reuníamos en los sillones del club a discutir con arquitectos y visionarios cómo levantar obras que desafiaran al tiempo.

Él había erigido paredes con sus propias manos en Santa Lucía, quería que cada edificio fuera una referencia de solidez para los que vendrían después.

Por eso, en el frente de su propia casa, había dejado marcas en el relieve, relieves geométricos que para el ojo distraído eran simples adornos, pero para los de su oficio eran señas de un compromiso inquebrantable con la verdad y el trabajo bien hecho.

Dateado solo en el inicio del día, el Viejo meditaba sobre la grandeza de los artesanos anónimos que hicieron la historia de nuestro país.

Llevaba puesta su identidad de matero como escudo nobiliario. Esa simple infusión con sabor a tierra e infancia era para él un ritual que unía los elementos: el fruto del suelo, la pureza del agua, el calor del fuego y el suspiro del aire.

Para el Maestro, el mate guardaba una verdad revelada, una escuela de valores civiles: el respeto absoluto por los tiempos para hablar y escuchar.

"Vos hablás, yo tomo", y viceversa. Una geometría del diálogo.

"La solidaridad -decía mientras cebaba- se mide en compartir mates lavados porque la charla está interesante.

La sinceridad es poder decir 'está bueno' o 'dalo vuelta'. Y el cariño es preguntar: '¿está frío, está caliente?' buscando que nadie se queme ni se enfríe. Todo eso es la modestia de quien comparte hasta el final".

Para él, esa actitud franca de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir un rato ameno era la garantía de que el mundo aún iba por buen camino.

El mate, recordaba el Viejo perdiéndose en la historia, ya estaba presente en los campamentos artiguistas. Allí, gauchos, negros e indios se unían en una rueda de estricta igualdad.

El mismísimo Artigas, al revir el fogón, hacía circular el mate para otorgar la palabra. Símbolo de bienvenida, ademán litúrgico de la fraternidad hospitalaria.

Aquella mañana de junio, un frío intenso de solsticio calaba los huesos en la obra. Los obreros se agolparon en el taller.

El proyecto constructivo estaba diseñado, pero el cansancio y la incertidumbre flotaban en el aire; nadie sabía con certeza qué tarea le tocaría ese día.

El Maestro, antes de empezar, marcó con la bombilla las cuatro esquinas del horizonte sobre la yerba, iniciando la circulación de la rueda.

Preguntó, como quien interroga al alma, si lo querían amargo o dulce. Mientras el agua en el recipiente de metal cantaba sobre el fuego y el vapor inundaba el aire, el Viejo tomaba trago a trago, como dosificando el conocimiento que luego volcaría en los planos.

Las horas transcurrían en el reloj de arena de la entrada.

Él, como gran cebador, hacía pasar el porongo de mano en mano conformando una cadena humana.

El agua cristalina reflejaba la luz del mediodía, descomponiéndose en destellos blancos y rojos sobre su ropa de fajina.

"Con cuidado, muchachos, que no se desborde de tantos saberes -decía riendo, vigilando que la mística no se enfriara".

El sol se acercaba al cenit y el trabajo se volvió urgente.

Había que trasladar las piedras desde la cantera, rocas devastadas de forma precisa para el ajuste perfecto.

En el oficio, la enseñanza se transmitía con el ejemplo, veta a veta.

Sin embargo, al caer la tarde, surgió la crisis. Cuando la piedra angular -aquella que debía cerrar y sostener toda la estructura- estuvo a punto de ser colocada, algo falló.

No encastraba. El encuadre no era perfecto.

El desaliento amenazó al grupo. El sol perdía fuerza y vigor, el tiempo apremiaba.

Fue entonces cuando el Viejo, con la sabiduría del que sabe esperar, decidió volver al mate.

Aquel preparado con amor y paciencia volvió a entibiar las almas de los cansados constructores.

Entre palabra y palabra, la tensión se disolvió en la tibieza del recipiente. Mirando el último hilo de luz, el Maestro se levantó.

Llamó a los aprendices y a los oficiales más jóvenes. Juntaron sus fuerzas. -Demos los golpes suficientes para desbastar las aristas en sus tres caras -ordenó a viva voz.

Y así se hizo. Con golpes certeros y colectivos, la piedra fue pulida y encajó mágicamente en el justo lugar.

Una salva de júbilo y aplausos rompió el silencio de la tarde. La obra estaba terminada. Las mejillas del Viejo Maestro se empaparon de lágrimas al ver la labor cumplida en un clima de tanta unión.

Tras asegurar el jornal de cada uno, les tendió sus brazos cansados. Todos se acurrucaron en un abrazo apretado contra su pecho, sintiendo el amor de aquel hombre que, ya casi sin fuerzas físicas, les entregaba su herencia más valiosa: el entendimiento mutuo.

Honroso y en paz, el Viejo Constructor sintió el afecto de su gente, que formó un sendero para dejarlo pasar, vitoreándolo por la fe que había depositado en ellos, la esperanza en el trabajo y la caridad con la que les había enseñado a vivir.

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*El autor:* Alejandro J. Fernández es escultor, periodista e historiador, con trayectoria en teatro, pintura, Carnaval y proyectos culturales varios. Diplomado en Simbología, Historia e Historia del Arte de la Universidad de Barcelona, produce y conduce en Tele Cable La Paz, Las Piedras, Canal 11, el magazine cultural 'Almacén de Ramos Culturales'. Integra la Directiva del Ateneo de Montevideo. Ha participado de los Encuentros Internacionales de Escultores en Palmar, Soriano. Publicó 'Arte e inclusión en los barrios', 'Otra mirada sobre la ciudad' y 'Aquel Centenario de la Batalla de las Piedras'.

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